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Los cambios de estrategia de Frei y Piñera en la recta final

sábado, 16 de enero de 2010

La semana previa al debate de Anatel, el lunes 11, el comité ejecutivo del comando de Eduardo Frei recibió los resultados de una serie de focus group. Se trataba de estudios realizados a personas que se autodeclaraban indecisas, un nicho electoral al que el candidato se ha volcado en el balotaje. Las respuestas, en forma nítida, confluían en un mismo factor: el uso de la beligerancia electoral era rechazado de manera transversal.

Los estudios formaron parte de los insumos con que llegó Frei al debate. Esa noche usó un tono más conciliador y cambió el foco de sus críticas a la actividad empresarial de Piñera por alusiones a los vínculos de la Alianza y su abanderado con el régimen militar. La iniciativa también estaba medida: el grupo de indecisos dio cuenta de que ya tenía internalizada la condición de político-empresario del candidato opositor, por lo que no consideraron funcional seguir repitiéndolo y lo dejaron en manos del panel.

El giro del senador venía cristalizándose desde el martes 5. Ese día, el comité ejecutivo -integrado por Carolina Tohá, Juan Carvajal, Mahmud Aleuy, Ricardo Solari, Gutenberg Martínez, Ricardo Lagos Weber y Claudio Orrego- consolidó un nuevo diseño para las últimas dos semanas de campaña. Acordaron sumar todos los días a una figura nacional -se le llamó estrategia 1+1- y concentrar las vocerías del candidato en la TV y radios. Tohá, Lagos Weber y Orrego, rostros de la llamada «renovación» oficialista, tenían que reforzar su mensaje.

En la cita, Aleuy expuso la situación de las 28 comunas prioritarias de acuerdo con los estándares de un modelo «georreferencial» que les permitía, entrecruzando los resultados de cada mesa, con los barrios, identificar los lugares en los que debían focalizarse. Los mensajes estarían dirigidos a tres tipos de electores: los que votaron por Marco Enríquez, los concertacionistas desencantados -proclives a marcar nulo o blanco- y quienes veían a Piñera como un político de centro y no de derecha. El dar vuelta al último público, visto como menos politizado, pasaba por marcar diferencias y mostrar que Piñera «no era continuador de las políticas de Bachelet».

Fue así como Frei buscó instalarlo en la derecha «dura» durante el debate -al asociarlo con Pinochet- y cómo el comando convenció al candidato de plantear una reforma tributaria, algo a lo cual se resistió en primera vuelta.

A esa altura, Frei había desechado polarizar la elección, como planteó Carvajal al inicio del balotaje a través de una minuta. Ese episodio y la crisis por la renuncia de dos de los cuatro timoneles oficialistas consumió dos de las cuatro semanas de campaña, un período en el que el nuevo comando reordenó sus tareas y estructura. El 12 de diciembre, en víspera de la elección, Tohá ya le había planteado a Frei su condición para irse al comando: ser en los hechos la generalísima, una figura hasta entonces inexistente.

El nuevo orden dejó heridos. Los partidos fueron relegados y Frei optó por sumar al mundo de Enríquez y a artistas, dado que no se les vinculaba al gobierno ni al aparato oficialista. No fue el único cambio. Bachelet, que tras las elecciones salió de la primera línea al no lograr el traspaso de su popularidad, volvió a escena: lideró la última semana la ofensiva para revertir el pesimismo y combatir el voto de castigo, al llamar a no votar nulo o blanco.

SEBASTIAN PIÑERA
El jueves 17 de diciembre, Sebastián Piñera cruzó la calle desde su oficina en Apoquindo a la sede de su comando y citó a reunión al comité estratégico. En la oficina de Rodrigo Hinzpeter, en el segundo piso de la casona, el candidato pidió que «se hable menos y se trabaje más», para lograr el triunfo en la segunda vuelta. También pidió crear un comité de emergencia, que estuviera en forma permanente en el comando para reaccionar a temas de coyuntura.

Varios eventos de ese día habían detonado la inquietud de Piñera: La Moneda reflotaba el debate sobre el fideicomiso ciego, el oficialismo instalaba el discurso del progresismo como guiño al electorado de Marco Enríquez y la diputada electa Marcela Sabat recibía críticas por su desafortunado debut como vocera.

El equipo resolvió enfrentar el debate sobre el progresismo, poniendo énfasis en que el progresismo es la capacidad de solucionar los problemas reales de la ciudadanía, como delincuencia, educación y empleo.

Este discurso permitía también retomar la idea de «cambio», una estrategia de la Alianza desde la campaña de Joaquín Lavín de 1999, pero que antes de la primera vuelta chocaba en parte con la candidatura de Enríquez. Así, se repetieron frases como «Frei es un candidato del pasado», «su gobierno fue el peor de la Concertación» o «denme la oportunidad de hacer un buen gobierno».

Un objetivo para la segunda vuelta era captar votos de Enríquez, de indecisos y desencantados de la Concertación. Encuestas y focus group mostraron que ese electorado estaba cansado de los políticos tradicionales. Esta conclusión tuvo un efecto inmediato: una decena de treintañeros llegaron a las vocerías, entre ellos, Ena von Baer, Ignacio Rivadeneira, Francisco Chahuán y Luciano Cruz-Coke.

En la misma línea, Piñera grabó el videoclip «Súmate», jingle de la campaña, rodeado de jóvenes voluntarios, marcando un énfasis «ciudadano». Y, al igual que en primera vuelta, la franja televisiva marginó de sus escenas a los rostros políticos.

En la franja también se inyectaron dosis de humor e, incluso, se ironizó con los tics de Piñera. Tampoco hubo ataques a Frei por parte del candidato, lo que quedó en evidencia en el debate. En todo caso, los cambios fueron sutiles, pues la campaña de primera vuelta fue bien evaluada.

Pero sí se creó un equipo para recabar denuncias de intervencionismo electoral, con la estrategia de crear la sensación de una ofensiva desmedida del oficialismo.

Piñera también tenía un dossier con antecedentes del gobierno de Frei, para utilizar en sus respuestas a eventuales ataques del oficialismo.

En el piñerismo también reconocen que el mayor error de la campaña de segunda vuelta fue el debate sobre un gabinete con figuras del gobierno de Pinochet. Ello se generó a partir de otro error: la filtración desde el comando del mail de Patricio Navia a Piñera, donde el columnista ponía entre sus condiciones para votar por el candidato que su gabinete no incluya miembros del régimen militar. En el comando hubo una mala evaluación de la reacción frente al tema.

FUENTE. LA TERCERA.COM

Nacional

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